Mostrando las entradas con la etiqueta Los precipitados.... Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Los precipitados.... Mostrar todas las entradas
lunes, 12 de septiembre de 2011
Crédula y no tan.
Pasaba el aire
acariciaba la dulce voz de la piel dormida.
Un aire poderoso, más denso que otros aires,
tocaba el cuerpo casi como tocan las manos ansiosas
tocaba adentro casi como tocan los movimientos ondulados
de los músculos
alteraciones
respiro
inhalo exhalo
corazón.
Pasaba el aire con todo ese peso, súbito y sutil,
y yo creía que lo que tocaba dentro era todo mío
y yo atinaba a dar el Amor a todo lo que tocaba, adentro, afuera,
el aire
y era la mano poderosa del vacío
-ese instante único y candente, íntimo-
que sí, que era más mío que todos los otros Míos,
vacío.
Corazón
pasaba y era un ángel argel y sombrío
que se tendía sobre mi soledad con su cuerpo manta
raya
no sé, debería evitar el retroceso,
el espeso aire de ángel argel, de hombre encubierto
de mantarraya sobre mí
sobre mi soledad y mi adentro
respiro inhalo exhalo
un dos tres
respiro
respiro, respiro.
Alcanzó mover el eje de mi cabeza
carreta
no era sólo el aire, no era a-de-más-el-ai-re
no era esa cosa sólo-de-mantarraya de encubierto hombre argel
ángel
corazón
una energía lindante
-distancia porque sí o porque no-
era mi todo una proyección de otra cosa que no estaba adentro,
que estaba más afuera que nunca
aunque más motivada que siempre.
Una proyección enorme de energía buena
de boca reclamando
'TONTA'
de caminito para andar
'cuando vuelva del cielo'
Lo pienso, me doy cuenta y caigo,
respiro
porque no
porque sí
respiro
inhalo exhalo
pongo las manos así
inhalo exhalo
corazón.
No te ví.
No pensé.
No te oí.
Y estampé mi Amor
contra una pared
enorme y amarilla.
acariciaba la dulce voz de la piel dormida.
Un aire poderoso, más denso que otros aires,
tocaba el cuerpo casi como tocan las manos ansiosas
tocaba adentro casi como tocan los movimientos ondulados
de los músculos
alteraciones
respiro
inhalo exhalo
corazón.
Pasaba el aire con todo ese peso, súbito y sutil,
y yo creía que lo que tocaba dentro era todo mío
y yo atinaba a dar el Amor a todo lo que tocaba, adentro, afuera,
el aire
y era la mano poderosa del vacío
-ese instante único y candente, íntimo-
que sí, que era más mío que todos los otros Míos,
vacío.
Corazón
pasaba y era un ángel argel y sombrío
que se tendía sobre mi soledad con su cuerpo manta
raya
no sé, debería evitar el retroceso,
el espeso aire de ángel argel, de hombre encubierto
de mantarraya sobre mí
sobre mi soledad y mi adentro
respiro inhalo exhalo
un dos tres
respiro
respiro, respiro.
Alcanzó mover el eje de mi cabeza
carreta
no era sólo el aire, no era a-de-más-el-ai-re
no era esa cosa sólo-de-mantarraya de encubierto hombre argel
ángel
corazón
una energía lindante
-distancia porque sí o porque no-
era mi todo una proyección de otra cosa que no estaba adentro,
que estaba más afuera que nunca
aunque más motivada que siempre.
Una proyección enorme de energía buena
de boca reclamando
'TONTA'
de caminito para andar
'cuando vuelva del cielo'
Lo pienso, me doy cuenta y caigo,
respiro
porque no
porque sí
respiro
inhalo exhalo
pongo las manos así
inhalo exhalo
corazón.
No te ví.
No pensé.
No te oí.
Y estampé mi Amor
contra una pared
enorme y amarilla.
sábado, 15 de enero de 2011
Lo inevitable...
Llorar sobre la leche derramada es tan estéril como no hacer lo
que se debía en el momento oportuno, antes de que el líquido
cayera.
domingo, 31 de octubre de 2010
Y entonces ahora
Y entonces estas palabras tienen la tremenda sutileza
de no ceder.
Metamorfosis cotidiana de los sentidos
de los significados
de los significados de los sentidos
al revés -también-.
Una eterna vuelta de tuerca
un decir el amor sin los labios.
Unas palabras sin querer ser grafía,
una situación en la nada,
el cero
-o no-,
una tímida reacción de caracol
un ocultantenas,
un parangonarse al abismo por puro gusto:
un atisbo de salto
y después, la música.
Entonces es delicioso no ser
en estas palabras por debajo
de las palabras.
Lo visto oculto.
Despedida que no pasa
-jamás pasa-
de un susto.
de no ceder.
Metamorfosis cotidiana de los sentidos
de los significados
de los significados de los sentidos
al revés -también-.
Una eterna vuelta de tuerca
un decir el amor sin los labios.
Unas palabras sin querer ser grafía,
una situación en la nada,
el cero
-o no-,
una tímida reacción de caracol
un ocultantenas,
un parangonarse al abismo por puro gusto:
un atisbo de salto
y después, la música.
Entonces es delicioso no ser
en estas palabras por debajo
de las palabras.
Lo visto oculto.
Despedida que no pasa
-jamás pasa-
de un susto.
lunes, 27 de septiembre de 2010
"Soñé que me acariciaban, que tenía un cuerpo y lo acariciaban, que alguien bebía y me daba de beber, y reconocía que en mis ojos se puede estar, quedarse, y los árboles de aquel parque volvían a refugiárseme entre los dedos, soñé que había una sombra y que no me daba miedo, soñé que el cuerpo guardaba un canto, y cantaba, y todo iba y venía, y de las noches de ahora no había huella."
Ana Becciu
'Ronda de Noche' (fragmento)
................
Foto: mía
domingo, 12 de septiembre de 2010
Nosotros, los precipitados...
Soy
un perverso.
Contra mí mismo soy
perverso.
Tenemos esa tendencia
muy desarrollada.
No tenemos sentido
de la supervivencia.
Evidentemente,
sólo
tenemos el sentido de la resurrección
por eso
todo el tiempo
nos arrojamos
deliberadamente
a
la muerte.
Alegría – Amudsen
12 de septiembre de 2010
un perverso.
Contra mí mismo soy
perverso.
Tenemos esa tendencia
muy desarrollada.
No tenemos sentido
de la supervivencia.
Evidentemente,
sólo
tenemos el sentido de la resurrección
por eso
todo el tiempo
nos arrojamos
deliberadamente
a
la muerte.
Alegría – Amudsen
12 de septiembre de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
1, 2, 3, 4, ...
Cuento
días,
horas,
hojas del libro, del árbol.
Amaneceres: amantes amarillos,
racimos de girasoles.
Copas vacías,
guerras de la infancia:
olores / aromas,
cosas / rosas.
Cuento lo que encuentro en ciudades que se entregan
a los pies que las caminan,
semáforos que separan cuadras que también cuento.
Esquinas,
fantasmas en paracaídas.
Mujeres solas o
con sombrero,
con niños,
con perros,
con mujeres,
con hombres.
Mujeres sin zapatos.
Hombres sin zapatos.
Ciclistas.
Malabaristas.
La llovizna que cae y la que no,
el sol.
La adolescencia de mis gatos,
las veces que nombro el nombre de mi perra.
Cuento las muertes viejas y lentas
que pasan por las vidas que cuento.
Cuento cuanto ocurre,
cuanto no ocurre, cuento, y
todo lo que imagino
lo imposible,
lo invento.
Tazas,
vasos para el whisky,
hielos que echo en el licor de menta,
la menta y las pestañas,
las hojas modificadas de las cebollas
—las lloro y cuento—.
La redención,
la coincidencia precoz,
la conciencia o voces de
canciones conocidas.
Cuento lo que canto
—y, lo cuento de tantas maneras—:
repeticiones de los cipreses
sueños perfumados
años
—tantos—.
Cuento a las mujeres el amor perfecto:
Tus ojos en todas las miradas, en
las pupilas que se agrandan, en las
pupilas de todos los ojos con mirada.
Cuento tus dedos y los anillos y los
círculos que encierran círculos que
los encierran.
Jaulas vacías,
camas vacías,
sábanas vacías.
Patios.
Al patio
—lo cuento siempre—.
O tus manos en las manos
de los hombres sin zapatos.
Cuento hijos de puta y
no te cuento entre ellos.
Cuento hombres malos y tampoco
te cuento como cuento y canto los
hijos que no tuve.
Tus hijos que no tendré y
que por eso cuento
—para distraerme—.
necesarias melancolías…
¡Oh!,…
Así la dicha que me queda:
el perfume y la camisa o
una toalla mojada abandonada
sobre la almohada sobran las
décadas de Charly y Spinetta,
paquetes de cigarrillos y
un pomelo acupunturado
la miel
este existir en el mundo
de las cosas que cuento.
La reencarnación
los pasos que me llevan
la llovizna que vino
—¿el vino?—
y te trajo,
la llovizna que purificó
este amor que cuento
que
—¡como puedo, cuento!—
que
—¿cómo lo cuento?—.
..............
Alegría.
días,
horas,
hojas del libro, del árbol.
Amaneceres: amantes amarillos,
racimos de girasoles.
Copas vacías,
guerras de la infancia:
olores / aromas,
cosas / rosas.
Cuento lo que encuentro en ciudades que se entregan
a los pies que las caminan,
semáforos que separan cuadras que también cuento.
Esquinas,
fantasmas en paracaídas.
Mujeres solas o
con sombrero,
con niños,
con perros,
con mujeres,
con hombres.
Mujeres sin zapatos.
Hombres sin zapatos.
Ciclistas.
Malabaristas.
La llovizna que cae y la que no,
el sol.
La adolescencia de mis gatos,
las veces que nombro el nombre de mi perra.
Cuento las muertes viejas y lentas
que pasan por las vidas que cuento.
Cuento cuanto ocurre,
cuanto no ocurre, cuento, y
todo lo que imagino
lo imposible,
lo invento.
Tazas,
vasos para el whisky,
hielos que echo en el licor de menta,
la menta y las pestañas,
las hojas modificadas de las cebollas
—las lloro y cuento—.
La redención,
la coincidencia precoz,
la conciencia o voces de
canciones conocidas.
Cuento lo que canto
—y, lo cuento de tantas maneras—:
repeticiones de los cipreses
sueños perfumados
años
—tantos—.
Cuento a las mujeres el amor perfecto:
Tus ojos en todas las miradas, en
las pupilas que se agrandan, en las
pupilas de todos los ojos con mirada.
Cuento tus dedos y los anillos y los
círculos que encierran círculos que
los encierran.
Jaulas vacías,
camas vacías,
sábanas vacías.
Patios.
Al patio
—lo cuento siempre—.
O tus manos en las manos
de los hombres sin zapatos.
Cuento hijos de puta y
no te cuento entre ellos.
Cuento hombres malos y tampoco
te cuento como cuento y canto los
hijos que no tuve.
Tus hijos que no tendré y
que por eso cuento
—para distraerme—.
necesarias melancolías…
¡Oh!,…
Así la dicha que me queda:
el perfume y la camisa o
una toalla mojada abandonada
sobre la almohada sobran las
décadas de Charly y Spinetta,
paquetes de cigarrillos y
un pomelo acupunturado
la miel
este existir en el mundo
de las cosas que cuento.
La reencarnación
los pasos que me llevan
la llovizna que vino
—¿el vino?—
y te trajo,
la llovizna que purificó
este amor que cuento
que
—¡como puedo, cuento!—
que
—¿cómo lo cuento?—.
..............
Alegría.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Retrospectiva
Me acosté temprano anoche. Me levanté temprano esta mañana. Mientras desayunaba recordé haber soñado toda la noche con animales. No recuerdo qué animales, pero eran animales. Me di un baño necesario. Tomé mi mochila verde. Tomé la llave. Salí. Caminé hasta la casa 36 en busca de mi profesora, que precisamente llegaba en un remix -, para sorpresa mía, como si viniera a buscarme. Subí al auto.
La clase no comenzaba porque la puerta estaba cerrada. La Profesora siempre (siempre que llega temprano) se enoja si la puerta está cerrada porque "cómo que está cerrada la puerta, la puerta tiene que estar abierta, a estas horas de la mañana, y ¡qué pasa con la puerta!"... y yo, fumando y mirando el empedrado, a las 8:03 am, cantaba en mi mente "La puerta, che!", y sonreía. Sí sí.
Mañana de clase aburrida. Después de mañana nublada, mañana de sol. "Bajo por el ascensor..." Fuga rápida del aula que ya tenía la puerta abierta, a Dios gracias. Caminé hasta la Avenida Mitre. Seguí por San Lorenzo a contramano. Entré a la facultad, "Secretaría de extensión", cuya puerta, para mi sorpresa, estaba cerrada. Inútil golpear. Puerta cerrada. Salí de la facultad, otra vez a contramano, por la San Lorenzo.
Y mientras así mi cuerpo se movía, mi cabeza daba vueltas por quién sabe qué lugares. Portón de entrada, verde, cerrado. Tomo la llave. Portón que se abre y cuerpo que ingresa, jaula-hogar-jaula. Puerta de casa, cerrada. Ventana de casa, cerrada. Abro la puerta. Abro la ventana. Abro la mochila. Abro el paquete de puchos. Abro la heladera. (Tereré). Abro los ojos, de nuevo, los abro. Miro la casa. Abro la boca. La abro.
Tereré, cigarrillo, carpetas, mesa, The New Sapiron, celular sonando, tango sonando, Hermana sonando, Jayme sonando, portero sonando. Abro los ojos, de nuevo, los abro. Abro la boca. De nuevo. Como si nunca la hubiese abierto antes. Abro la boca y hablo. Y hablo. Y hablo. Y hablo. Tereré que se calienta, cigarrillo por tercera vez, carpetas, mesa, The New Sapiron mordiendo mantel, celular abandonado, tango concluido, Hermana escuchando, Jayme escuchando, portero olvidado (también). Abro los ojos con la boca abierta hablando, sigo hablando. Miro hacia el patio: Peperina mirando, Peperina escuchando. Y abro el alma. Y cierro la boca.
Entonces, me levanto como en una danza y tomo la guitarra. Y Catalina Bahía. Y Ayer nomás. Y En mi cuarto. Entonces, me levanto como en una danza y lavo los platos, frito torrejas, corto lechugas, lavo más platos, pico más hielo, pongo la mesa, pongo la comida en la mesa, me siento a la mesa, Jayme a la mesa. The New Sapiron a la mesa. Despiadado sopapo a The New Sapiron. The New Sapiron bajo la mesa. Intento de siesta. Cabeza pensando. Boca cantando. Hermana saliendo. Jayme saliendo. Madre durmiendo. The New Sapiron mirando (me). Peperina mirando (me). Salgo al patio. Después de mañana nublada, siesta de sol. Abro la ropa. Saco el cuerpo. Saco el cuerpo al sol. Saco el cuerpo al sol sobre el colchón para tales efectos. The New Sapiron y Peperina sacando el cuerpo negro junto a mi cuerpo sacado al sol. Tres son multitud. Felicidad de Ana porque "Tres son multitud". Fin del sosiego. Guardo el cuerpo. Guardo el colchón.
Inútil intento de trabajo. Silvio que me canta. Salgo a buscar resultados, resultados de análisis y hace calor, mucho calor, pero "la tarde está increíble" y si vuelvo temprano ya no tengo obligaciones, y probablemente mire la novela de las 21 y probablemente JG llame como llamó ayer, y antes de ayer. Porque JG reconoció que anda extrañando. Que se siente solo y que anda en esos días "medios medios". Por eso "llamo mucho", dice.
Contaba estas cosas, porque mientras todo ocurría, yo también pensaba en vos, sucesivamente. Y se me va la siesta. Y sigo pensando. Pero siempre bien, igual de extrañando y de impotente y de preocupada que en el último mail, pero bien. Bien.
Ahora: Ana queriendo que "todo bien", que "todo tranquilo". Sigue queriendo un abrazo. Pero bien, Ana siempre bien, que no quepa duda, que no panda el cúnico. Ana todo bien, todo tranquilo.
Ahora: Ana dice: Te quiero mucho, como siempre. Un abrazo, o dos, o tres. Que estés bien, que estés bien. Hasta pronto, cuidate, cuidate mucho, ¿Sí?. Ok. Hablamos prontito. Hablamos prontito... hablamos… hablamos…
La clase no comenzaba porque la puerta estaba cerrada. La Profesora siempre (siempre que llega temprano) se enoja si la puerta está cerrada porque "cómo que está cerrada la puerta, la puerta tiene que estar abierta, a estas horas de la mañana, y ¡qué pasa con la puerta!"... y yo, fumando y mirando el empedrado, a las 8:03 am, cantaba en mi mente "La puerta, che!", y sonreía. Sí sí.
Mañana de clase aburrida. Después de mañana nublada, mañana de sol. "Bajo por el ascensor..." Fuga rápida del aula que ya tenía la puerta abierta, a Dios gracias. Caminé hasta la Avenida Mitre. Seguí por San Lorenzo a contramano. Entré a la facultad, "Secretaría de extensión", cuya puerta, para mi sorpresa, estaba cerrada. Inútil golpear. Puerta cerrada. Salí de la facultad, otra vez a contramano, por la San Lorenzo.
Y mientras así mi cuerpo se movía, mi cabeza daba vueltas por quién sabe qué lugares. Portón de entrada, verde, cerrado. Tomo la llave. Portón que se abre y cuerpo que ingresa, jaula-hogar-jaula. Puerta de casa, cerrada. Ventana de casa, cerrada. Abro la puerta. Abro la ventana. Abro la mochila. Abro el paquete de puchos. Abro la heladera. (Tereré). Abro los ojos, de nuevo, los abro. Miro la casa. Abro la boca. La abro.
Tereré, cigarrillo, carpetas, mesa, The New Sapiron, celular sonando, tango sonando, Hermana sonando, Jayme sonando, portero sonando. Abro los ojos, de nuevo, los abro. Abro la boca. De nuevo. Como si nunca la hubiese abierto antes. Abro la boca y hablo. Y hablo. Y hablo. Y hablo. Tereré que se calienta, cigarrillo por tercera vez, carpetas, mesa, The New Sapiron mordiendo mantel, celular abandonado, tango concluido, Hermana escuchando, Jayme escuchando, portero olvidado (también). Abro los ojos con la boca abierta hablando, sigo hablando. Miro hacia el patio: Peperina mirando, Peperina escuchando. Y abro el alma. Y cierro la boca.
Entonces, me levanto como en una danza y tomo la guitarra. Y Catalina Bahía. Y Ayer nomás. Y En mi cuarto. Entonces, me levanto como en una danza y lavo los platos, frito torrejas, corto lechugas, lavo más platos, pico más hielo, pongo la mesa, pongo la comida en la mesa, me siento a la mesa, Jayme a la mesa. The New Sapiron a la mesa. Despiadado sopapo a The New Sapiron. The New Sapiron bajo la mesa. Intento de siesta. Cabeza pensando. Boca cantando. Hermana saliendo. Jayme saliendo. Madre durmiendo. The New Sapiron mirando (me). Peperina mirando (me). Salgo al patio. Después de mañana nublada, siesta de sol. Abro la ropa. Saco el cuerpo. Saco el cuerpo al sol. Saco el cuerpo al sol sobre el colchón para tales efectos. The New Sapiron y Peperina sacando el cuerpo negro junto a mi cuerpo sacado al sol. Tres son multitud. Felicidad de Ana porque "Tres son multitud". Fin del sosiego. Guardo el cuerpo. Guardo el colchón.
Inútil intento de trabajo. Silvio que me canta. Salgo a buscar resultados, resultados de análisis y hace calor, mucho calor, pero "la tarde está increíble" y si vuelvo temprano ya no tengo obligaciones, y probablemente mire la novela de las 21 y probablemente JG llame como llamó ayer, y antes de ayer. Porque JG reconoció que anda extrañando. Que se siente solo y que anda en esos días "medios medios". Por eso "llamo mucho", dice.
Contaba estas cosas, porque mientras todo ocurría, yo también pensaba en vos, sucesivamente. Y se me va la siesta. Y sigo pensando. Pero siempre bien, igual de extrañando y de impotente y de preocupada que en el último mail, pero bien. Bien.
Ahora: Ana queriendo que "todo bien", que "todo tranquilo". Sigue queriendo un abrazo. Pero bien, Ana siempre bien, que no quepa duda, que no panda el cúnico. Ana todo bien, todo tranquilo.
Ahora: Ana dice: Te quiero mucho, como siempre. Un abrazo, o dos, o tres. Que estés bien, que estés bien. Hasta pronto, cuidate, cuidate mucho, ¿Sí?. Ok. Hablamos prontito. Hablamos prontito... hablamos… hablamos…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)